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lunes, 21 de septiembre de 2015
Declaraciones de soldados demuestran que el Ejército supo y no actuó el 26 en Iguala
21 de septiembre. “Los comercios cerraron, los vecinos se refugiaron en sus casas. Durante la caza dos estudiantes murieron a balazos, otro fue desollado, y tres personas ajenas a los hechos fueron tiroteadas al ser confundidas con normalistas. Todo, sin que los militares intentaran impedirlo”, indicó el rotativo.Las testimonios de dos miembros de la inteligencia militar, a las que tuvo acceso el diario español El País, revelan cómo el 27 Batallón de Infantería con sede en Iguala, y su cuartel general, en Chilpancingo, recibieron información de primera mano del trayecto de los estudiantes de Ayotzinapa hasta el momento del ataque en su contra. Sin embargo, los militares mantuvieron distancia y dejaron que la Policía Municipal se encargara de los jóvenes. “No te acerques mucho ni te arriesgues“, le dijo un oficial de inteligencia a un agente en uno de los ataques.
“Los comercios cerraron, los vecinos se refugiaron en sus casas. Durante la caza dos estudiantes murieron a balazos, otro fue desollado, y tres personas ajenas a los hechos fueron tiroteadas al ser confundidas con normalistas. Todo, sin que los militares intentaran impedirlo”, indicó el rotativo.
El periódico apuntó que la transmisión de información partió del denominado C-4 (Centro de Control, Comando, Comunicación y Cómputo), un sistema de coordinación de seguridad en el que también participaba la policía estatal y federal. Desde ahí, un sargento mantenía al tanto al oficial de inteligencia, quien a su vez ponía en conocimiento a su superior, el coronel José Rodríguez Pérez, y al cuartel central de la 35 zona militar, al mando del general Alejandro Saavedra Hernández.
El agente de inteligencia tomó fotos y, tras ser conminado por su teniente a no acercarse, regresó a su batallón. A partir de ese momento se sucedieron las llamadas del C-4 y también las peticiones de ayuda de ciudadanos. Los militares, bajo órdenes del coronel, empezaron a patrullar la ciudad. Acudieron a los sitios donde se habían refugiado por decenas los normalistas, entre ellos, el Hospital General y la Clínica Cristina, se toparon con heridos graves, alguno al borde de la muerte.
En el recorrido militar por la ciudad se encontraron, primero, con dos estudiantes tiroteados a los que ni siquiera se acercaron. Luego, vieron el ataque al autobús del equipo de fútbol Los Avispones, que la Policía Municipal confundió con normalistas. También descubrieron el rostro desollado y sin ojos del estudiante Julio César Mondragón.
Fuera de la investigación de la PGR, los militares no han sido interrogados por estos hechos, pese a que lo han solicitado los padres de los normalistas e incluso el grupo de expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, quienes investigaron los hechos durante 6 meses y concluyeron que los estudiantes no fueron quemados en un basurero de Cocula, municipio vecino de Iguala, como había establecido la autoridad federal, según informa Aristegui Noticias.
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