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viernes, 4 de septiembre de 2015
ARTICULO 7.- Ícaros políticos vuelan cielos de Sinaloa
Por Ernesto Alonso López / CriticaPolitica.MX ¿Te acuerdas de Ícaro?... Sí, aquel hombre que, según nos cuentan en la mitología griega, se murió por tener un orgullo desmedido. Ándale, como muchos que andan por ahí diciendo que van a cambiar el mundo y que Sinaloa ya no será igual sin ellos, a partir del 2016, porque son lo más bueno de calidad humana que nos pudo pasar a todos los mexicanos. Así es. Ni más , ni menos. Son tan buenazos, que se pasan de buenos, ¿no?... Al grado que el pueblo los ama cada vez que van a sacarlos de la miseria y de la pobreza en que le tienen sumido. Bueno. Eso dicen ellos.
Estos Ícaros modernos también tienen alas de cera para ellos y su pléyade de incondicionales, que vuelan demasiado alto, se acercan a la luz y a diferencia del mito antiguo, éstos de hoy ya llevan protección y les importa poco quemarse dos mil millones de veces. Nada de caen en desgracia, ni se van... No escuchan a la gente, porque ya traen sus propias turbinas. Y es que la gente les decía: no vueles demasiado cerca del sol, porque te vas a quemar y no les importó, pero tampoco les pasó nada y la gente se volvió muda, la prensa se volvió muda, los sectores ya no hablaron y todos quedaron como volando.
Pero, un fenómeno raro pasa cada elección, casi imperceptible, pero pasa... La elección da lecciones sobre que no debes creer que eres mejor de lo que en realidad eres, pero, ante todo: que evites pensarte un DIOS. Volar demasiado alto puede derretir tus alas y aunque llevas turbinas de repuesto, un día el combustible se acaba y el amarizaje será de antología, así que ponte buzo.
El punto es que en esta historia, a veces se pone poca atención en lo que Dédalo, el padre de Ícaro, le recomendó al volar. Sí, le dijo, no vueles tan alto que te quemas, pero muchos olvidan la otra parte: no vayas tan abajo que te caerás al mar. Y, agrego, creo que una vez con las alas bien mojadas, ni tus turbinas van a servir de algo.
En la política pasa algo semejante: Es mucho más riesgoso andar por los bajos, cerca del mar, que surcar los cielos con alas y turbinas de repuesto.
La clase política de Sinaloa se ha construido para sí misma una zona de confort y el status quo, impenetrable, donde campea la obediencia y la invisibilidad de la pobreza. Como el caso de las muertes de niñez desnutrida en el Granero de México o que miles de sinaloenses estén tan miserables que no saben si siquiera van a tener dinero, hoy, para aunque sea una comida.
Mientras la mayoría de los supuestos servidores públicos aletea, los sinaloenses estamos demasiado cerca de las olas de un mar de fondo embravecido y en crisis.
Pero esta clase política y su zona de confort, no se ha dado cuenta que el status quo ya no coincide con la seguridad que han gozado, porque cada vez más los delitos asociados a la pobreza les están alcanzado y los están victimizando. Están creando a sus propios verdugos, como cuando franceses contra la Monarquía.
La mala noticia, para todos, es que los artistas de esta hecatombe no son invulnerables. La nueva zona de seguridad ya no es tan cómoda como antes. Urgen personas que pongan en práctica una forma diferente de trabajar y de pensar en su trabajo, para servir a los demás, sin demagogia ni palabrería. Ya nadie explica por qué el mundo está lleno de personas ordinarias que hacen cosas extraordinarias y que no quieren saber nada de política...
¿Por qué?... Porque la clase política está atrincherada. Aterrada de que sabe que vienen por ella, los ciudadanos no relacionados directamente a la política. Se van a defender, ambos sectores. La batalla de los contrarios. Y es que dicen por ahí que, volviendo al punto con que inicié estas palabras: Dédalo (La Clase Política de Sinaloa) estaba tan orgulloso (orgullosa) de sus logros, que no podía soportar la idea de tener rivales. (Todos los que no pertenezcan al exclusivo círculo político-facineroso de los millones de los demás). Y que se cae Ícaro...
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