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lunes, 14 de septiembre de 2015
Parafraseando La Dictadura Sinaloense - Mexicana, a lo Lafragua
Por Ernesto Alonso López / CriticaPolitica.MX-Investigando por los rincones de la Universidad de Michigan, Estados Unidos, encontré un texto de José María Lafragua, que pertenece a los libros de la colección americana, que quiero compartir contigo.
Por hermoso que sea un rostro, tiene siempre lunares... Y por severa que sea la historia, no se le puede echar en cara a los vivos.
La historia -contemporánea- es una matrona algo adusta cuyas verdades, aunque sean amargas, no pueden faltar a las conveniencias sociales, pintando en toda su desnudez hechos que repugnan; y descubriendo todas las miserias de los personajes que las oyen.
Por su rigidez completa y absoluta, la historia se queda para los muertos.
En la historia, una cosa es la verdad y otra, los miramientos de los vivos, que buscarán en ella sus propias alabanzas, aunque por sus hechos no las merezcan y mucho menos las puedan publicar, por ser dignas de toda censura.Es como donde ciertos seres, en cierto modo, han entrado ya al dominio de la historia; basados en los hechos y subidos en los hombros de la dictadura que impusieron a sangre y fuego. Sin embargo, los retratos no se completan. Faltan rostros, que son los mejores adornos. Con lunares y todo.
Por eso se les ha juzgado con un valor que no se parece en nada al inmenso gemido que exhala la República, con el dolor de las recientes heridas.
Si no cree esto que le digo, vaya a los archivos, donde están los tristes comprobantes de la pálida relación de yerros de estos vende patrias, sin progenie, donde quedan enmarcadas con estiércol, sus vacuas palabras. No tienen la culpa los mensajeros de haber encontrado malas cosas qué decir, pues los seres superiores merecen que la historia se detenga a admirarles, porque son la gloria de nuestra especie y su pensamiento. No así la vergüenza de la opereta bufa del sistema, donde todos son uno y uno son ellos, nada más, como vituperio.
México no se siente capaz en este momento, de adular a los que niegan la justicia y al poderoso abusivo que alardea una falsa democracia de orgullo, a quienes habrán de abatir los acontecimientos delante de sus ojos.
En fin, vuelvo, siempre vuelvo, a Lafragua, quien dijo que la historia premia y castiga; y la que se ha escrito, no por ser nuestra, ha perdido la virtud de castigar a Ios que han hecho mal y de premiar con aplausos a los que han hecho bien.
Por lo demás, harto lleno está este México de escenas desgarradoras, de iniquidades y miserias, de escenas de sangre y de lágrimas; y ha sido fortuna encontrar acciones generosas y rasgos de virtud que oponer a tantos motivos de aflicción y desconsuelo; porque al contemplar la virtud y el heroísmo de muchos contra pocos, se experimenta la satisfacción del caminante bajo el árbol, que brinda sombra y descanso.
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